sábado, 28 de marzo de 2009

“El Comercio del Libro Antiguo”-2008

.




Hablar del comercio del libro antiguo es como hablar del sexo de los ángeles. Elucubraciones, cabalas y discusiones bizantinas, expresión esta última que en este caso y como veréis más adelante cobra especial relación su origen, con el tema que nos ocupa.

Se han escrito sobre este tema, tanto trabajos incluidos en obras de bibliología como títulos propios, como por ejemplo “Tasación, valoración y comercio del libro antiguo (textos y materiales)” edición de José Manuel Pedraza Gracia, referente a los cursos que se impartieron entre el 2 y el 6 de septiembre de 2002 en Jaca, promovidos por la Universidad de Zaragoza. Obra clara, concisa, sencilla, asequible y recomendable para todos aquellos que quieran conocer el mundo del libro antiguo con una buena introducción y sin pretensión ninguna. Otros escritos relacionados los podemos hallar en la “Pasión por los libros” de F. Mendoza o “El libro antiguo” conjuntamente por J.M. Pedraza, Y. Clemente y F. de los Reyes.

Últimamente ha llegado a mis manos, previo pago de la módica cantidad de 10 € de vellón, el libro “Comercio del libro antiguo” Ed. Arco Libros, 2008 escrito por el librero de la Librería Luces de Bohemia, experto en el carlismo y exprofesor de la Universidad de Zaragoza, Francisco Asín Remírez de Esparza. Al cual solo he tenido el placer de saludar y no he tenido la ocasión de hablar más distendidamente con él. No así con su hijo Ignacio, al cual si que conozco de muchos años, por atender él personalmente la caseta que su librería instala todos los años en la Feria del libro Antiguo y de Ocasión de Valencia.

Hechas las presentaciones expongo sucintamente las partes que componen esta obra que son los “quinqui libri” o capítulos que la integran; a saber: I -el libro antiguo: términos y periodización. II –El comercio del libro viejo y antiguo: ferias, subastas y catálogos. Las ciudades del libro e Internet. III –Valoración y tasación. La susceptibilidad del mercado español. IV –La influencia temática y las peculiaridades y V –Elementos auxiliares para la tasación del libro antiguo.

Es un libro igualmente recomendable. Pequeño en su formato pero grande en su contenido. Cada línea de desarrollo del tema que expone en cada capítulo es un aporte de datos fundamentales al mundo de la bibliología, conciso y claro, e igualmente novedoso en algunos datos que aporta, en comparación con otras obras de la misma temática.

Una vez vendido el libro, que creo que es lo que hecho, y de verdad vale la pena adquirirlo por los conocimientos aportados en él, voy ha ejercitar mi derecho a la crítica de ciertas ideas, conclusiones, modos y reflexiones de este libro, desde la posición de integrante de esta república bibliófila, formada por libreros, bibliófilos y bibliotecas. Habrá quien piense que no soy el más indicado por mi preparación académica, no llego al nivel del autor, y por supuesto las opiniones que expongo son personales, discutibles y generadas por la propia experiencia.
Pero acaso no critica el ciudadano a su presidente de gobierno o a sus ministros cuando lo considera oportuno. Luego creo que puedo ejercer la crítica, ante quien ejerce de ministro de economía en esta república y redacta un manual de valoración del libro.

Tras la lectura del libro y en comparación con otros, creo que el autor peca de sectario de su propia librería y de unas pautas a seguir totalmente parciales. Creo que no valora suficientemente los nuevos campos en los que nos movemos, ni los nuevos tiempos. Los vanos recuerdos de épocas doradas de la bibliofilia inundan la obra, provocando añorados suspiros por no tener a mano una máquina del tiempo que nos llevara, por ejemplo, a la subasta de Heredia o la del Marques de Morante. Viendo la parte positiva, por otro lado, nos ofrece una información histórica sin par.

El autor también “barre para casa” al dar su opinión acerca de las casas de subastas. Nos informa -y es cierto- que algunas casas de subastas se desentienden de las posibles imperfecciones de los lotes y que la comisión oscila entre el 15 y el 20% más el IVA. Bueno pues ante grandes problemas grandes soluciones, infórmate del lote a adquirir, si no puedes ir personalmente perfectamente puedes llamar por teléfono. Generalmente los precios de salida son bajos por lo que tienes la oportunidad de que alguien no se interese por el lote y poder adjudicártelo a buen precio. En cuanto a las comisiones, podíamos compararlas con las del librero, que desde luego tiene todo el derecho a ganar lo que estime conveniente, tiene sus gastos, etc, etc. Yo tengo buenas y malas experiencias con casas de subastas, igualmente con libreros. Pero el gran mercado del Arte se mueve en salas internacionales como Sotheby’s o Christie’s por ejemplo. El mercado es el qué en última instancia determina los precios y las tendencias. Y las subastas es el mejor escaparate; es puro y rápido mercado.

Igualmente sigue “barriendo” en el tratamiento que hace sobre los manuscritos y los “libros de horas”, del cual es especialista y podemos verlos referenciados en sus espléndidos catálogos, todo sea dicho, que edita anualmente o con motivo de alguna feria. Cuando este tipo de libro es un mercado limitadísimo. ¿Por qué no le da el mismo trato a los pliegos de cordel? que los hay rarísimos y muy valiosos.

Creo que es criticable uno de los factores que enumera a la hora de valorar un libro. Dice el señor Asín en la Pág. 31. “En cualquier caso la rareza de un libro, si el tema no es apetecido por los bibliófilos, incide cada vez menos en el precio. “. Y digo yo, que es apetecido por los bibliófilos. Según Porter en su libro “Les Llibres”, y en su discurso “A los amigos de los libros” habla de 3.000 especialidades biblio-iconográficas. O es que todos los bibliófilos compran los mismos libros de las mismas temáticas. Creo que en este caso no es parcial y da la impresión de elegir como libros predilectos aquellos que buscan sus clientes. Por lo que menosprecia otros. Esto se nota en su valoración del libro navarro-aragonés. Y hoy en día el mercado es mucho más amplio, e Internet abre campo le guste o no, que no le gusta.

Dice que en las librerías se hacen bibliófilos y añora las tertulias librescas en las librerías, centro de comunicación y aprendizaje de libreros y bibliófilos. Por otro lado hecha de menos que no aparezcan nuevos bibliófilos. Por desgracia no he podido visitar su librería en Zaragoza, pero como he dicho antes, si que he podido visitar su stand en la Feria del Libro Antiguo de Valencia durante muchos años. Poco le he comprado, la verdad, tampoco me ha sabido vender. También es verdad que siempre me ha atendido su hijo Ignacio que es el que en realidad no me ha sabido vender. Mis primeras e inexpertas visitas, va aquí la dificultad de encontrar nuevos bibliófilos, fueron poco menos que bochornosas. A mi me atraían los libros antiguos y quería que me aconsejaran pero con D.Ignacio al frente era una labor costosísima. En las primeras ocasiones solo le faltaba el cartel “Solo pueden acercarse a los libros antiguos aquellos que demuestren conocimientos suficientes para apreciarlos”. Pasaron los años y una vez pasé la reválida me faltaba el carnet de cliente y algo le compré. Y hasta que no he sido presentado por otros eminentes bibliófilos, clientes suyos no he podido acceder con cierta relajación al sancta sanctórum de su fondo. ¿Qué entiende por captar nuevos bibliófilos? Siento, si por casualidad me lee Ignacio -que no creo que se rebaje a tal-, que se sienta ofendido, pero lo que escribo no es ni más ni menos lo que me transmitió durante muchos años. Pero el tiempo lo cura todo y como de todo se aprende, pelillos a la mar.
Vuelvo a repetir que a pesar de mis críticas y percepciones personales, es un libro imprescindible, documentado y vivo testimonio de un librero. Libreros de los que no podemos prescindir, pero que tienen que buscar nuevas soluciones y adaptarse a los nuevos tiempos. Grandes librerías incluyen sus magníficos catálogos en Internet como Els Llibres del Tirant, otros no son lentos como Blazquez o Bardón, otros tienen tienda virtual como Librería Farré o nombres internacionales como Quaritch, Maggs, Orssich, Antiquaariat Forum, Krown & Spellman, todas pertenecientes a ILAB (International League of Antiquarian Booksellers) que es un sello de garantía.
Las librerías son pilares fundamentales en nuestra pasión, pero creo que hasta que no me jubile no tendré tiempo para tertulias en sus establecimientos. A no ser que hagan como los museos, que cierren los lunes y abran los domingos, seguro que alguno me matará por esto. Pero recuerdo en Valencia el fenómeno de la librería Crisol, que la podías encontrar llena un domingo por la tarde y tener que guardar cola en caja para pagar. Era libro moderno, pero librería al fin y al cabo.

Podíamos seguir reflexionando a través de este libro, pero no me quiero extender demasiado, ni convertirlo en un monólogo. Espero vuestros comentarios y comenzaremos la tertulia, en otro entorno menos sugerente que una librería de viejo, pero cercano en la distancia.

En esta ocasión he preferido narrar, como reza el encabezamiento de mi blog, encuentros y desencuentros con la bibliofilia. La próxima entrega un gran libro.

13 comentarios:

Galderich dijo...

Lamberto, una buena crítica de un libro que sin duda compraré porque como tu dices es imprescindible a pesar de algunos aspectos criticables, como todo.
Sobre los nuevos tiempos es verdad, hay que adaptarse porque internet se va imponiendo aunque no quita las visitas a las librerias o ferias porque el ojo del bibliófilo (o calcófilo) es su mejor instrumento de selección.
Imagínate si tu tuviste problemes con libreros en tus inicios si los tuve yo, que con 15 añitos ya estaba loco por los libros.
Los libreros me rechazaban de lleno pero yo a lo mío. Como siempre había excepciones.
Hace poco estuve en la librería Casals de Barcelona y entró un chico joven. Se le atendió con toda delicadeza y orientación. Albert, el librero, me comentó que este era el futuro, que hay que fomentar y tratar como personas a los que muestren interés por el libro antiguo. Recordé sin querer mi pasado...
Otro tema son los precios. Si somos cuatro bibliófilos, ¿porque algunos precios son tan altos? La ley de la oferta y la demanda debería aplicarse aquí y bajar precios. Quizá con esta política la comisión sería menor pero el volúmen de venta superior... y más bibliófilos.
Nosotros, quizá nos enfadaríamos porque vemos nuestros libros como inversiones y si nos baja la cotización quizá también nos enfadaríamos... en fin, una red de intereses.
Esto si que da para una tertúlia bibliófila.
Gracias una vez más por tus comentarios.

lamberto palmart dijo...

Galderich, en definitiva una librería no deja de ser un comercio, por lo qué el tiular debe velar por su negocio. Y debe tratar con especial cuidado a los neófitos. Una buena entrada es fundamental. También es verdad que son otros tiempos, con otros conceptos y con puntos de vista más amplios, gracias a Dios. En Valencia recordaremos los de mi generación la céntrica libreria Maraguat,donde íbamos los colegiales a comprar las lecturas que nos recomendaban. En ella había un mostrador al fondo donde debías dar la descripción exacta del libro que requerías, título, autor y editorial. De lo contrario te quedabas sin libro.
Lo mismo ese esfuerzo y dificultad para conseguir un libro, provocó que los apreciara y cuidara con esmero. Quien sabe.
En cuanto al precio de los libros, el mercado marcará su futuro. Tiempo al tiempo.

Saludos biblióilos.

Urzay dijo...

Una interesante entrada, Lamberto, y que da pie para muchos comentarios. Es verdad que en muchas ocasiones un comercio de libro antiguo es un lugar en el que el cliente entra con prevención y se siente inmediatamente evaluado por el librero. Quizá sea esa la razón de que más del 90 % de mi biblioteca proceda de la red. Este libro que reseñas lo leí hace unos meses, y es evidente que internet ha cambiado totalmente el mercado del libro, y de hecho ahora las escasas ocasiones en que entro en una librería anticuaria el stock se me hace escaso, casi nunca encuentro nada y en cambio rastrear la red en busca de libros se ha convertido en un placer sólo superado por ese momento mágico en el que tienes en tus manos el paquete de donde sale, entre un mar de precintos, una bella edición antigua de un libro que hace mucho deseabas leer. Es verdad que alguna vez hay sorpresas desagradables, pero en mi experiencia, no más de las que tienes cuando llegas a casa después de haber comprado un libro por el método tradicional y descubres un defecto que se te había pasado por alto. Hace no mucho, un librero, -de los pocos que conozco-, me comentaba que la escasez de buenos libros y el consiguiente alza de precios de los últimos años se debía en gran parte a la clientela institucional. Es probable que así sea, pero quiero creer que también se debe a la demanda de no pocos ciberbibliófilos, muy poco visibles, que leen en sus casas al amparo de estos tiempos en que la ignorancia se lleva con orgullo. Y a veces se comunican entre sí, como ahora, a través de blogs como el tuyo, el de Diego, el de Galderich, el de Apolonio, el del bibliómano o el del bibliotranstornado. Enhorabuena, y saludos bibliófilos desde la meseta.

Galderich dijo...

Urzay,
Lánzate también a la aventura virtual de compartir los libros. Es un placer leer las anotaciones de otros bibliófilos y compartirlas. Supongo que estamos al margen de las antiguas tertulias bibliófilas y de algunas librerias actuales pero es ir fomentando el gusto por el libro en todas sus dimensiones.
No te olvides de Marco Fabrizio, que aunque lejos, muy cercano:
http://marcofabr.blogspot.com/

lamberto palmart dijo...

Es siempre una gran alegría para mi -lo digo sin ánimo peyorativo- encontrar seres de mi misma especie. Lo digo por lo de definirnos como seres lectores que estan "en sus casas al amparo de estos tiempos en que la ignorancia se lleva con orgullo". Compartimos sensaciones idénticas, tu comentario lo comparto al cien por cien. Magnífica descripción, en la que me veo reflejado, del placer de recibir libros. Recuerdo cuando recibí el Diccionario de Terreros de Argentina. Recoger aquel pesado saco de correos y descubrir dentro de él, perfectamente envueltos, aquellos gruesos volúmenes que habían sido impresos en Madrid, vivieron en Cádiz, fueron a Argentina y volvieron a España, fue de una gran emoción. Tal vez el porcentaje de libros que he comprado en establecimientos y ferias sea un poco más alto, pero no mucho más. Creo que los libreros tienen que ponerse las pilas e incluso con ayuda de las instituciones.Acaso no se destinan millones de euros al futbol o a la "Copa de la America", al cine, a los premios "Goya", etc. Pues que se organicen eventos. Desde luego mandar cuatro libreros a Urueña, por ejemplo, no lo veo solución. Se me ocurren infinidad de cosas, que sería muy largo de explicar aquí. Pero tal vez escriba sobre ello en algún artículo o podeis hacerlo cualquiera de vosotros. Pero por poner un ejemplo, me sentiria alagado de prestar mis libros para una exposición. Algo así como "El patrimonio bibliográfico valenciano en las colecciones privadas" o como las charlas que se hicieron con motivo de la reunion en Madrid de la ILAB, simplemente "Bibliofílias". Creo que no se trata de exponer grandes piezas, que debe haberlas por que es el reclamo, pero si saber hacer llegar al gran público, el espirtu que nos mueve, la importancia de la cultura y el interes del libro a lo largo de la Historia como transmisor del bagaje del Hombre. Pero creo que la bibliofília no se debe perder y debemos poner nuestro granito de arena.

Gracias Urzay y gracias Galderich por tu iniciativa.

Urzay dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Algo había pensado, aunque soy un poco caótico, pero quizás me anime en un futuro. El blog de Marco Fabrizio no lo conocía, y me ha parecido muy interesante, además sobre un tema que me atrae. Tampoco cité "Marcas tipográficas" de Carlos Fernández, que también frecuento. Es curioso cómo leer los comentarios de otros bibliófilos nos hace ver lo interesantes que pueden ser algunos libros en los que de otra manera no habríamos reparado. Espero seguir leyendo vuestras actualizaciones. Un saludo a los dos.

DIEGO MALLÉN dijo...

Hola Lamberto, acabo de leer tu artículo con deleite sumo (acabo de llegar de viaje). Tocas todos los aspectos sensitivos en el comercio del libro antiguo y de bibliofilia. No puedo estar más de acuerdo contigo en todas tus reflexiones, considerando como tú que el libro que referencias es estupendo, útil y muy interesante. Te dejo este comentario ahora que ampliaré bien aquí en en DM por el asunto que analizas y viviseccionas con tanta lucidez y claridad es para mantener larga tertulia entre los amigos bibliómanos. ¡Excelente!
Saludos bibliófilos

lamberto palmart dijo...

Amigo Diego, imaginaba que compartirías mi opinión, aunque supongo que tendras matices que enriqueceran esta tertulia virtual. Tus vivencias bibliófilas son mucho mas intensas que las mias, de manera que desde la experiencia personal podras aportar encuentros y desencuentros en el ambito bibliófilo, desde aquí o en tu blog. Gracias por tu comentario, nada mas regresar de tu viaje. Es que no paras.

Saludos bibliófilos.

DIEGO MALLÉN dijo...

Amigo Lamberto: lo prometido es deuda. Rapidamente te adjunto dos reflexiones:

1980, Madrid. Mañana de sábado: paseando entro en una librería de viejo en la calle San Bernardo. Le pregunto al librero por libros sobre Valencia. Se mete a la trastienda, vuelve y pone tres gruesos tomos sobre el mostrador. Los examino y parece que no debí poner la cara de asombro que el momento requería, o al menos un cierto rictus de complicidad libresca:

-“Es el Branchat, ¿no lo conoce usted?”- me grita el librero. Respondo que no.

-“Pues usted, ¿qué sabe de libros de Valencia, usted me pregunta por libros valencianos y no conoce el Branchat?”.

Amoscado y cabizbajo marché de la librería. ¡Por supuesto que no tenía idea de quien era Vicente Branchat! Sería famoso en su casa a la hora de comer. Mis desconocimientos en materia bibliófila eran absolutos en aquellos tiempos (lo siguen siendo treinta años después). Pero entonces, sabía que, a mis 25 años de edad, los libros antiguos me atraían, (hacía dos que había terminado mi licenciatura en económicas en Valencia y había comenzado a trabajar en Madrid en una multinacional de consultoría empresarial).

Amigo Lamberto, como ves hace casi treinta años yo también pasé por la experiencia del ninguneo del librero prepotente o quizás harto de curiosos impenitentes.

En defensa de los libreros habrá que reconocer que la bibliofilia es pasión hermética y poco dada a abrirse a desconocidos. También que los libreros están hasta la coronilla de recibir a gentes de todo pelaje con las ofertas o peticiones más disparatadas. (la inteligencia del librero está en saber separar el grano de la paja: el bibliófilo incipiente del pelmazo inaguantable). Soy testigo de esos momentos en mis visitas y tertulias en El Asilo del Libro: allí llegan personajes con planteamientos peregrinos que harían sacar de sus cabales al hombre más manso y sosegado.

Si queremos que la bibliofilia perviva en este mundo enloquecido de nintendo e ipod’s todos tenemos que esforzarnos. Los primeros los libreros por la cuenta que les trae; en ello van sus habichuelas.

Precio de los libros. Al librero de Madrid (que después supe no era el dueño del establecimiento sino un empleado que tenía ya fama por su agrio carácter y malas pulgas) me atrevo, antes de poner pies en polvorosa, a preguntarle el precio del “Branchat”: 225.000 pesetas.

Esa cantidad en pesetas actuales (ajustada por IPC acumulado) supone 1,150,000 pesetas aproximadamente, es decir 7,000 euros. Yo pagué un ejemplar de Branchat en 2,000 euros hace cuatro años con magnífica encuadernación en pasta española firmada por Gabriel Gómez, encuadernador de Carlos III (¡Cómo no iba a tener un "Branchat en mi pequeña librería, a pesar de ser libro de materia jurídica que son los que menos me atraen!). Un ejemplar del Branchat en mercado debn moverse por esa cifra, arriba o abajo.

Aquí tenemos un claro ejemplo de que no siempre los libros se revalorizan y son inversión segura.

Los libros son fuente infinita de sabiduría, satisfacción y placer bibliófilo. En algunos casos, además, se revalorizan y podrán remediar un mal momento. Pero decir que el libro antiguo es el lugar seguro para el inversor, como dice un librero inglés, -con cara de espabilado-, en un artículo recogido por El Bibliómano, es temerario, sino falso.

Saludos bibliófilos.

lamberto palmart dijo...

Gracias amigo Diego por compartir tus malas experiencias, que leido lo leido son más habituales de lo que esperaba. Evidentemente la habilidad del librero hace mucho y como tu bien dices hay multidud de personas con las más peregrinas solicitudes, sempiternos curiosos y una casi interminable lista de clientes poco recomendables, ¡que me vas a contar a mí en mi negocio!. Pero ahí está la psicología del vendedor, su dosis de paciencia y que cada uno elige su profesión, y toda aquella profesión en la que se trata directamente con gente, desde médico a cajero de supermercado, requiere ciertas cualidades.

En lo que respecta a los precios, pueden variar como en la Bolsa. Es un arma de doble filo. Nos agrada que nuestros libros se revaloricen y por otro lado a la hora de comprar nos gusta encontrar buenos precios; ley de mercado.

Al final lo importante es disfrutar de los libros

Saludos bibliófilos.

rui dijo...

Amigo Lamberto
Si bien qué yo no conozco lo libro “Comercio del libro antiguo” (pero voy intentar adquirirlo), tu artículo es muy pertinente de acuerdo la mía opinión. En momentos conturbados como estos por los qué todos pasamos, la valorización de un libro es siempre una cuestión de mercado. La búsqueda y la oferta…Mismo la rareza no hace siempre su precio, esta es dependiente de la búsqueda y de los temas predilectos de cada bibliófilo, qué cambian de acuerdo con los tiempos. (No hablo de preciosidades bibliófilas evidentemente)
En esta “una tertúlia bibliófila” que te agradezco por lo permitirla, pensó que es muy importante el acogimiento de los neófitos qué serón, sin duda el futuro de la bibliofilia.
Los libreros tienen un papel fundamental en esto aspecto!
Me recuerdo de los míos primeros pasos en bibliofilia, hace cuasi 30 años y yo puedo decir que tuvo mucha suerte, púes encontré dos libreros, qué tiñeran la paciencia de me escuchar y de me enseñar lo poco qué yo sé, sin eles no lograría a empezar uña colección…me aconsejaran a adquirir lo mas importante y, as veces, me desaconsejaran a adquirir libros que me parecían “muy bonitos” (pero era mismo solo eso…).
En el comercio de los libros antiguos este aspecto es muy sensible y, para mí define la cualidad de lo librero…el comerciante, como cualquier otro, y el apasionado por su profesión qué prefiere a ganar un cliente para muchos años do que le vender un libro sabiendo que este puede no volver más.
Me permito anidare un comentario qué hizo en un Blog francés. Que me parece bien encuadrado con esta cuestión:
“Les bibliophiles ne sont pas des savants illuminés qui habitent dans palais de cristal, mais sont des personnages comme tout le monde avec une passion différente... l’amour des livres anciens ! La bibliophilie est une maladie, très grave et très difficile à guérir, qui peut toucher quelqu’un, seulement les achats doivent être d’accord leurs goûts et leur bourse…
Mais n'oublient pas cette question, quand nous sommes déjà dans plein XXI siècle :
«Pourquoi acheter un livre ancien, si on peut le voir et même le télécharger sur la net en version imprimable?»
Cela fait la différence entre le lecteur et le bibliophile.
Celui-ci aime tenir dans leur mains l’ouvrage (parfois qu’il cherche depuis des années), le feuilleter, regarder et analyser la qualité de la reliure (essayer de deviner quel a été le relieur), de la dorure et les différents types de fers utilisés (ils diffèrent d’accord l’époque)…tout cela est une passion !
Et comme toute la maladie d'âme, ne se réussit pas à expliquer parce qu': «le cœur a des raisons que la raison méconnaît !» 03.11.2008
Te pido de me disculpares por esto longo comentario
Saludos bibliófilos

lamberto palmart dijo...

Rui, obrigado pela sua observação e compartilhar conosco suas experiências e classificações sobre o comércio de livros antigos. Você foi muita sorte de encontrar livreiros que têm norteado o seu hobby. Eles têm sido capazes de avaliar as suas preferências e você tem que mostrar os diferentes caminhos de bibliophilism.
Muito sábio citou francês. O que eu mais gostei é que bibliophilism é uma doença da alma e, portanto, o coração tem razões que a razão ignora.

Saludos bibliophiles.

Anónimo dijo...

Buenas noches,

tengo un libro que es Geografia Universal de Enciclopedias Gassó de tapa dura de color verde con portada y dibujos de Costa Salanova y la fotografía y grabados de Archivo editorial de Gassó Hermanos. Es de la edición de 1960. Depósito legal B. 8552/ 58. Alguien sabe si tiene algún valor ? Muchas gracias y un saludo.